viernes, 15 de septiembre de 2017

METRO LA RAZA

Metro la raza

Haydee Ramos Cadena 

En la adolescencia transité
entre los pasillos de la ciencia
con llanto en los pechos,
y un dolor de la periferia al centro.

Me volví roja entre las piernas
con los pezones a punto de reventar
y las axilas húmedas,
quise besarme con cada novio bajo la bóveda celeste,
creí en los labios de los 16, de los 17, de los 20
que sostuvieron mi mano,
a los 27 el amor es una trasgresión del egoísmo
que sólo sabe reciclar experiencias.

El amor es el único cántico norteño
que aprendí con humildad
en el barrio de los que nunca tuvieron pretensiones,
y que irremediablemente saben
que el tiempo pasa para nunca ser otra vez el mismo segundo
como ley de gravedad de todos los humanos.

Hoy regreso a la ciudad con una mochila al hombro
con todas las historias de la mujer que soy y no temo,
en el pasaje de la ciencia
busco mi constelación como niña de cinco
que guarda cada uno de mis genes fotográficos.


domingo, 2 de octubre de 2016

Declaración de fe

Rosario Castellanos fue una de las primeras escritoras con visión de género. Declaración de fe, el libro que comentaré en este texto, es un gran ensayo, donde hace un análisis de la literatura mexicana y analiza el lugar que ocupa la mujer desde el imaginario cultural.




Sin duda, fue una de las pioneras intelectuales en declarar que no existía una cultura femenina en México y por supuesto menos en la literatura. Para comenzar la reflexión sobre este libro, voy a mencionar uno de los puntos iniciales. Rosario describe uno de los primeros libros de la literatura mexicana, el Popol Vuh, y lo toma como descripción cultural de la vida femenina en ese tiempo, ese papel de sedentarización que realiza la mujer y que al verse afectada físicamente por embarazos y crianza inicia una etapa de poco movimiento y observación.

”Poco a poco, a medida que se conocían los secretos de los vegetales y se acertaba a domesticarlos, la importancia de su ayuda fue creciendo. Se inicia de esta forma la forma de explotación de la tierra llamada horticultura a la que corresponde, en la organización social, el matriarcado en el Popol-Vuh se nos transmite una vívida imagen". 

Después nos cuenta cómo la mujer en el Popol Vuh, elige el papel de la renuncia a su trabajo en la milpa por la influencia de Tonatihu en el ámbito familiar, de esta forma también renuncia al linaje de trabajo a través de su línea materna. Al crecer la población (en aquella época) ya no era posible sostener con conocimientos rudimentarios de agricultura, por eso nace la necesidad de crecimiento y la implementación de nuevas técnicas. 

El patriarcado se impuso cuando la mujer pierde su lugar de autonomia dentro del nuevo orden. Se instituye la poligamia, como un premio de guerreros, y regalo para los ricos podía tener tantas esposas quisieran. 

Es entonces cuando el valor de la mujer no lo ostenta ni su inteligencia ni su trabajo, sólo su cuerpo. Digamos que es el inicio de una nueva época. Explica Rosario y narra el Popol Vuh, como la educación desde entonces se dividió, los niños pertenecían al a la guerra y las niñas a la casa. Ante la falta de autonomía y pérdida de territorio, la mujer se sujetó al dominio del varón donde el único valor de su género, recae en la procreación.

Ya desde aquella tiempos se configuraba culturalmente roles. El mundo novohispano replicó estas actitudes y actividades de género, ahora apoyados en la religión donde se cuida a la mujer por su capacidad de procreación y como una buena observadora del mundo que se le imponen límites. 

La mujer pierde su lugar físico en el mundo exterior, su poder de desplazamiento y quehacer se remiten al hogar, crea una relación de poder y subordinación al género masculino (el que conquista territorios). Sin duda, el nuevo lugar de la mujer quedó limitado al hogar y la crianza como fuerza de trabajo social.

Después en esta época se tiene poca memoria de mujeres, o quizás la historia no las registro, por su propia calidad de mujeres. Lo cierto es que años posteriores en el mundo novohispano surge una de las más brillantes escritoras. 

Sor Juana Inés de la Cruz es una figura femenina emblemática de este periodo de la historia, quien sin duda rompe una barrera, y se proyecta como una mujer intelectual que habla de la misógina, donde la mujer es la representación del mal y su inteligencia es menor a la del hombre, ambas creencias arraigadas en el pensamiento cristianismo. 

Castellanos cita en su ensayo: ”y como el pensamiento de la mujer no es muy firme sino movible y ligero y en poco espacio corre mucha tierra y a veces mala y llena de riscos mortales es necesario mantenerlo siempre ocupado o no dar lugar a la ociosidad que es la puerta más franca para que entre el desvarío". Fragmento tomado de de un filósofo español del siglo XV, Juan Luis Vives. 

Como leemos, evidentemente el des mérito por ser mujer tocaba todas las esferas personales de su vida. La mujer estaban al margen de la vida pública, no merecía tener mayor participación, ser cristiana (creencia mayoritaria) en la época, significaba renunciar a la auto definición de principios femeninos y a la autonomía de movimiento y crecimiento, se asumía culturalmente un sometimiento y permanencia en el hogar.

Sor Juana como muchas mujeres, fueron desafiantes a los estereotipos de la época, rompiendo barreras y creando posibilidades desde sus lugares. Aunque cabe decir que ella no fue la excepción, su libertad la arrebató a la escritura como un lugar digno para una mujer, aunque no tuviese una autonomía física. 

Declaración de fe, me deja con ese sabor de boca y reafirma el porqué seguir trabajando con la escritura de las mujeres y con mi propia escritura como una posibilidad de construcción de la feminidad desde otra visión. 

Para ser mujer, hace tiempo tuve que romper con la religión y la fe que socialmente se nombraba como correcta, porque no quise ser sometida, coartada, ni sumisa, debo decir que he sido paria y actualmente dentro del matrimonio me re defino cada día.

Después de unos años, la fe fue encontrada en las plantas, los libros y en otras mujeres que han sido netamente amorosas conmigo y con quienes he reaprendido aspectos distintos para compartir el género femenino. 

Les comparto este libro porque justo trajo reflexiones sobre cómo hábito los roles: madre, hija, hermana, esposa, compañera, etc.  Además que la pluma de Rosario es fuerte y clara, Declaración de fe es una lectura amén y reflexiva con citas directas de los libros. Les deseo que les sea grata la lectura.


jueves, 8 de septiembre de 2016

Palomazo de poesía La nueva Babel 15 años

Tuve la fortuna de ser antologada en el libro Palomazo de poesía, editado por la Nueva Babel que cumplió 15 años de crear un nido para la voz poética en Oaxaca. 

Los poetas de esta ciudad jóvenes y más  jóvenes se encuentran antologados aquí, personas que como Valente, dueño de la Babel, todos amantes de la poesía en este terruño.

La poesía cotidiana de Oaxaca, es eso que está en letras, en este libro. Cuando llegué a Oaxaca por causa de la poesía, tuve mi primer  cita amorosa con el que sería mi esposo y eso fue en la Babel. 

Tuve lecturas en Babel, soy y he sido poeta de la calle, en el buen sentido de la palabra, de la informalidad aunque mi trabajo lo tomo con “seriedad". Poeta de megáfono, poeta de café, poeta del metro y ahora poeta de Babel. 

Agradezco esta inclusión porque siento mi historia poética, que ahora es un poco más, parte de esta tierra. 

Paloma diseñada por deny.epifania@gmail.com


 

lunes, 22 de agosto de 2016

Declaración de fe de Rosario Castellanos

La siguiente lectura es: 

 Esta es mi Declaración de fe. 

 

Sanshiro de Natsume Sōseki

Sanshiro es una novela, que explora las sensaciones humanas, que ocurren cuando se entra en la universidad. Se siente la libertad a través del personaje principal que lleva como nombre un homónimo al título de la novela. Esta autonomía se traduce en soledad, inquietud, búsqueda del amor, curiosidad intelectual y sobre todo amistad. Está situada en el inicio de la etapa universitaria. Sanshiro es un habitante de provincia que viaja y se aleja de la familia para estudiar literatura. 



Los personajes masculinos en la novela exploran, buscan; el mejor amigo de Sanshiro lo saca de su cotidiana intelectualidad, entonces  la búsqueda se esparce por los trenes, la ciudad, los bares, las mujeres, caminar y explorar, es decir, definirse a través del mundo no sólo de los libros. Sanshiro se apropia de nuevos lugares y lo hace reflexionando a través de lo que observa, busca la quietud y la reflexión como herramientas ante su nueva situación. 

Las mujeres son esas figuras de la época, vivo retrato que realiza Sōseki, a través de Mineko, una joven atrevida, autónoma, de carácter y temperamento fuerte y un poco voluntariosa. Sin embargo, lo más importante de Mineko es la figura fuerte que representa dentro de esta historia, ya que estudia y  recibe los privilegios de su clase, en una época con un predominio patriarcal donde los hombres o las familias deciden el curso matrimonial de las hijas y no todas reciben estudios universitarios. 



 
La doble dicotomía de una situación femenina se hace presente en la pluma de  Sōseki, por un lado el dinero que le abre las puertas a Mineko a un mundo de posibilidad y por otra parte ese mismo dinero que se las cierra para casarla. Sanshiro enamorado de ella, sabe bien que ni todo su carácter ni toda la empatía podrán unirlo a ella. 

Esta novela es recomendable si quieres recordar la época universitaria, conectar esos sentimientos de ”comenzar algo" y las ”expectativas que se construyen en lo nuevo", y  si necesitas explorar ese estado de ”perdida o perdido" . Respecto a los personajes femeninos, el novelista se adentra muy poco, son personajes femeninos vistos desde afuera con complejidad, pero algo interesante que se puede leer, es la situación femenina de una época y la lucha indomable por posibilidades que estos personajes hacen, para no ser ”casadas". Luchan contra su destino, Mineko no lo logra pero por hay otra mujer en la historia que mantendrá la lucha. 



 

viernes, 5 de agosto de 2016

Conciliar desde lo femenino



Conciliar desde lo femenino

Por: Haydee Ramos Cadena



Conciliar es un verbo arcaico, que significa unir dos visiones, dos voluntades, dos acuerdos. Un concilio que no sólo debe hacer la mujer, sino también el hombre, en su entorno y para sí mismo. Aunque muchos concilios en el pasado fueron dirigidos por hombres en el entorno, y eso creo desventaja para las mujeres, los concilios dentro de casa, la mayor parte los han establecido las mujeres.

Esta constante acción de negociación que va de lo interno a lo externo, debe ser una actividad dirigida por ambos. El concilio en el hogar es asunto de dos, luego de tres y así sucesivamente, un acompañamiento de irnos mirando a la par y en el camino dentro del territorio que habitamos en conjunto y las necesidades y libertades que habitamos. 

La cultura patriarcal nos enseñó que como mujeres debemos estar en casa, ser esclavas modernas y ser las cuidadoras del hogar en el ámbito, físico, emocional y social, pero esto no es así, no nacimos para sostener un hogar emocionalmente y ser las eternas conciliadoras que unen y mantienen a la familia. 



De hecho, esta es idea difícil de sostener para cualquier mujer sin que tenga que pagar un precio caro. Es cierto que deben existir pactos, acuerdos, concilios donde primero decía Elena Simón enseña que, para negociar, las mujeres necesitamos hacer tres pactos: el pacto intrasíquico con nosotras mismas; el pacto intragenérico entre las mujeres, y el pacto intergenérico con los hombres.
El conciliar no es una labor sólo de la mujer, en esta acción se implica a dos, el hombre también se enfrenta a negociar con sus propias emociones, querencias y voluntades por eso debe volver a verse a sí mismo desde la sensibilidad humana, no del control o el poder. Él necesita aprender a negociar frente a la mujer como una compañera para verla de igual a igual, no desde el lugar de privilegios y premisas que se han dado por verdaderas en la cultura.
Esta conciliación feminista implica primero un concilio conmigo misma, darse el tiempo de sentirse y acomodarse en un lugar agradable. Renunciar y cuestionar los mandatos culturales, sacarse las culpas y las responsabilidades que el patriarcado ha impuesto por ser mujeres. Después de auto conciliarme puedo conciliar y pedir a mi pareja que se concilie con él mismo, para luego sentarnos juntos a conciliar el territorio en común, que es lo único que se puede conciliar en la pareja: lo común.



Conciliar desde el feminismo es auto verse, auto unirse, para ser la propia habitante y defensora de los territorios propios: sea la vida misma, el cuerpo, las emociones, posesiones, etc., y con esta visión se pueden ver las herramientas e intereses propios, y darse cuenta cuáles son las cosas, situaciones, relaciones, que no se concilian con el otro. Esto lleva a concilios justos y equitativos, primero para una misma y después para mirar al otro y no como culturalmente nos han enseñado a no conciliar, a no negociar en el amor sino a darlo todo, permitirlo todo, a renunciar a territorios importantes para nosotras etc. Por eso dicen que el amor romántico mata, y eso es la pura verdad, mata la educación que tenemos sobre el amor.



sábado, 30 de abril de 2016

A los 8.

En espera de la segunda publicación del libro A los 8, poesía para niños.
El libro con ilustraciones a color que tanto he deseado; lo imprimirá una editorial chilena.